
"Pandora en el Congo" de Sánchez Piñol porque he leído "La piel fría" del mismo escritor y me gustó. Es de los que cuentan historias que no sabes adonde van a ir a parar, porque la imaginación produce monstruos literarios que van a su bola y lo genial en estos casos es sorprenderse a cada página (como con O'Brien, Queneau, Vian, Jardiel, Vila-matas o incluso Auster, Verne o Conrad). Sería, en la taxonomía que hace Rafael Reig en su libro "Literatura para caníbales" (que es muy divertido, hablando de los escritores españoles y sus cuitas y miasmas), del bando de Fernando Marías en la "guerra de los Marías" (el otro bando lo representa Javier, pero el primero no es su hermano del mismo nombre). Ya saben unos hacen literatura con su ombligo y otros con el de los demás y no siempre quienes son amigos en la vida real comparten bando en ese aspecto literario. Una es la vía reflexiva e introspectiva, que a mi me encanta también, por cierto, no vayan a pensar que me meto con los hijos de Benet, porque disfruto muchísimo con los soliloquios y juicios de valor encadenados, que cuentan cosas que de otra manera no tendrían lugar: ahí están Proust, Broch, Joyce, Musil y otros gigantes. Y, la otra, sería la de los que inventan historias que engarzan con otras historias y en las que la aventura cotidiana se transforma en literatura, aunque sea de época, de ciencia-ficción o en simples historias de la calle. Dos campos de batalla para pasarlo bien leyendo, como en el siglo de Oro la gresca en la que andaban Quevedo y Góngora.