
El mismo cuadro 3D (desconozco al autor) visto desde dos puntos de vista. El lugar, una escalera en un centro comercial de Serrano donde estuve esta mañana. Y me gustó.
Madrid: fotos de la vida diaria, política y social, por un profesional de la prensa que además expone sus opiniones descaradamente. QUEDA PROHIBIDO LLEVARSE FOTOS DE ESTE BLOG SIN PERMISO EXPRESO DEL AUTOR PARA USO NO PARTICULAR. Lo que quiero manifestar tras encontrar por ahí algunas utilizadas en otros lugares sin autorización y a veces con fines comerciales. Tampoco he puesto yo la publicidad que aparezca (soy anticonsumista) y no la quiero.



Algunos "artistas" callejeros han debido de aprovecharse de la huelga de limpiezas en Metro, o tal vez yo no me había fijado antes, pero empiezan por los cristales y puertas y acaban en los túneles (como en ese de la línea 2). Y ese "deporte" además de costar carísimo limpiarlo, porque sería una guarrería dejar así los vagones, es que no tiene ninguna gracia artística. Son absurdos "tags" de firma grotesca con menos arte que las meadas de los gatos en los rincones para marcar el territorio. Sólo que se trata de un territorio imposible y el peligro de un accidente es grande, puesto que por la noche también circulan trenes de servicio interno.




Muy cerca de la Plaza Mayor estaba el Mercado de San Miguel, con una estructura de hierro y lleno de puestos de prestigio, los dos últimos de los cuales resistieron ya en plenas obras y sólo pudieron ser desalojados y sus clientes con lo que sus clientes perdieron sus pescados y frutas del alta calidad por orden judicial por salubridad y seguridad, aunque se había restringido la entrada a un pequeño portín posterior. En realidad sigue estando ahí, bajo las lonas de colores, desmantelado todo el interior del que sólo quedaron los férreos pilares, para inventarse en plena especulación de lugares paradigmáticos de la capital un paraíso gastronómico de esos que tanto gustan a los "modernos" de Gallardón y que podría tener tanto éxito como el de anticuarios y luego tiendas de lujo fracasadas en el de Puerta de Toledo, que nunca llegó a cuajar y, salvo alguna fecha, sigue desangelado y recibiendo inversiones y subvenciones públicas a saco roto. En este de San Miguel, ahora en plena reconstrucción total, han puesto unos agujeritos en la lona para que veamos publicidad con monigotes de Goma Espuma. Pues, vale...
Así lleva todo el día el pasillo de metro Diego de León a oscuras entre L5 y L6 y esta mañana el cuarto de electricidad estaba abierto y solo con sus avisos en el equipo de "Alta Tensión" y todo eso a albur de cualquier usuario. No se si les van a echar también la culpa de ésto a los huelguistas de limpieza, pero parece que esta noche se acaba el asunto, aunque la luz del túnel seguía en precario. Luego muchas cámaras de seguridad (miles de ellas, dice el anuncio) descubren a los bestias que ensucian pero los vigilantes no acuden a solucionar los problemas, están ocupados en proteger en grupos de 4 o 5 a cada esquirol que limpiaba mientras sus compañeros se jugaban el salario y el puesto de trabajo. Pero la demagogia del gobierno de Aguirre saca tajada buscando chivos expiatorios en lugar de asumir sus responsabilidades y atajar los abusos patronales con medidas de igualación salarial y suficiente.

Se acaban las navidades. Pero entre estos dos grandes comercios de la calle del Carmen casi todo el año están esos músicos. Tocan clásica y lo hacen bien. Son un grupo de cuerda y teclados que está ahí seguramente porque para los músicos no protegidos por la SGAE y su dichoso canon sacaperras debe ser difícil obtener ingresos haciendo lo que a uno le gusta y este es un buen lugar donde siempre tienen un buen grupo de oyentes embelesados que les echan unas monedas. Y hablando del canon, esta mañana hubo una tertulia en RNE y el único en contra era Íñigo (y casi la totalidad de los radioyentes que mandaron SMS), pero el colomo de la absurdez la ha tenido Forges, a quien yo creí menos pesetero y ridículo en sus argumentos, que dijo a la pregunta de un científico que decía que porqué había de pagar el mismo por sus grabaciones de trabajo, pero planteaba que si fotocopiaba un chiste del dibujante mencionado para ponerlo en su tablón o lo mandaba a un amigo estaba pagando el canon en los aparatos que usaba y la respuesta de Forges me pareció tan cutre que me ha decepcionado: dijo que "no tenía porqué poner sus dibujos en ningún sitio sin pagar porque su derecho a elegir como artista le podía no desear que fuera visto fuera del lugar donde publica, y no tenía interés en estar en un corcho de nadie sin saber quien era" (más o menos"). Si supiera el muy tonto en la cantidad de corchos de oficinas y de fotocopias que se hacen de sus chistes y circulan por ahí y que le han hecho famoso tanto como salir en un periódico cualquiera... Porque es un genio del humor, pero eso no tiene ninguna gracia, creo yo, y más bien parece una pataleta de soberbio sin razones. Una vez más ¡Abajo los impuestos que nos cobran a quienes ni robamos música ni películas pero necesitamos soportes para grabar nuestras cosas!.




Los Reyes Magos ya han pasado por mi barrio. Como todos los años, antes van las cabalgatas periféricas y esta tarde la monumental de Castellana. Todas las cartas están echadas (aunque aún queda tiempo para compras) y los niños temblarán esta noche de nervios tratando de adivinar qué les depara el bolsillo de sus familiares. Sed buenos... o sólo tendréis carbón, como los obispos. A mi me han traído ya (además de lo que mañana mis padres, hijos y hermanos pongan envuelto en el montón de los regalos) un buen puñado de visitas de este blog, gracias a una periodista de El País el 31 pasado en Madridfera. Gracias Victoria por tu llamada porque en esta semana he tenido unas dos mil visitas de regalo. Mi regalo a los metronautas que viajaron en mi blog es poder ver los centenares de fotos y leer alguno de mis comentarios que los dos últimos años he puesto. Repasen los meses anteriores y verán qué perlas de imágenes en el collar de la vida madrileña, unas estupendas y otras mediocres claro está, porque uno no puede ser siempre excelente, pero todas sinceras.



¡Cómo está el centro...! llueven estrellas (el termómetro ronda los 0º), los niños tienen los ojos tan llenos de ilusión que son incapaces de ver los postizos y se entregan a los brazos de todo lo que tiene color, sobre todo si lleva corona (buenos días estos para la monarquía, cuyo máximo representante cumple 70 y no se calla aún, ni falta que hace, mientras se siga portando bien los niños le traerán lo que pida). Y empiezan las cabalgatas de barrio y los apuros con los últimos regalos por comprar. Venga, venga,... que el dinero cae del cielo y las ilusiones brotan de la tierra.

No sé que tal les irá a los ciegos con esas malditas aceras de puntos que sobresalen, pues para ellos están inventadas, pero a mi y a otras personas con dolor en la planta de los pies son molestísimas. Tengo que evitarlas porque son una tortura al clavarse en la zona dolorida. Yo no tengo nada contra las medidas de ayuda para discapacitados, pero me da la impresión de que como los pitiditos de los semáforos y la repetición constante de estaciones en el metro, que a veces yendo en otra línea se desboca y te sueltan la lista de los reyes godos como si fueras a hacer turismo por las afueras: ¡próxima estación: Vallecas, ...Miguel Hernández,... Congosto,... etc! y con ritmo oxidado como una cinta casetera enredada. Recuerdo que, cuando lo pusieron en algunas líneas de bus, te lo soltaban hasta con puntos de abreviaturas, como por ejemplo: Hnos-punto-g-punto-noblejas con L-punto caballero, que resalté entonces también por la unión vocal de dos enemigos: puesto que los dichosos hermanos eran falangistas y el otro dirigente socialista y republicano del gobierno de España. Lo cierto es que las subvenciones y buenrollismo respecto a las personas con dificultades ha llevado a un montón de estupideces y esos suelos con relieves molestos a muchos nos van a hacer pedir también "un poquito de por favor..." O como esos suelos de goma roja y amarilla que hay en los andenes de Metro, ya despegados muchos resultan un peligro de tropezón y los carteles de discapacitados en lugares a los que no pueden acceder porque no hay ascensor para sus sillas rodantes.


Buenos días en Madrid. Ha salido el sol para que los niños puedan ir a ver a los reyes magos y sus papás hacer las compras pertinentes. Quedan pocos días de vacaciones y las tarjetas de crédito echan humo, los precios se han disparado pero no podemos dejar de gastar compulsivamente porque nos sentiríamos mal de hacerlo en estas fechas. Es una horrible contradicción que cuando era pequeño veía en mi familia sin comprender porqué a los niños ricos les traían bicicletas y trenes eléctricos y a mi y mis hermanitos sólo indios de plástico y triciclos, pistolas y muñecas baratas en lugar de las que hacían de todo. Y teníamos las suerte de tener mucha familia, con lo que según pasaban las horas y llegaban los tíos iban viniendo más regalos que lo reyes se empeñaban en dejar por todas partes en vez de ponernos lo que costando más era sin embarglo lo deseado. No sabíamos que así se multiplicaba la ilusión durante todo el día, aunque también las frustraciones. Pero luego nos enterábamos de que había otros niños que no recibían nada y eso nos parecía injusto e incomprensible. Los mayores creerían que éramos tontos o insensibles, pero no. Aquello era absurdamente emocionante, pero tan injusto... Ahora la cabalgata es impresionante porque la patrocina el gran coloso de las compras de estas fechas, aquella tienda que empezó siendo casi nada y luego se fue comiendo a sus competidores de postguerra: Galerías Preciados, Sederías Carretas, Almacenes Arias, SEPU, Mazón, y tantos otros comercios que han ido desapareciendo y dando lugar a un monopolio del regalo antes de que don Amancio y otros inventaran Zara y los demás que hoy engullen cines y bancos en la Gran Vía y alrededores. Bueno, usted a lo suyo ¿ha comprado ya todo o le queda un detalle de última hora para ese sobrinito o aquel hijo de vecino simpático que apenas tiene para comer pero se merece, como todos los niños, algo?. Pues, ¡hala! a la calle que ya es hora de tiendas.






La Gran Vía madrileña: el lugar por donde pasa todo el mundo, hoy lleno de paraguas y de bolsas de compras para los regalos de Reyes (aunque hay quien no va de compras sino de sueño, porque vive ahí y como puede). Un solar recien abierto, colas enormes en la lotería de Doña Manolita, un charco tal y como se veía por la mañana y por la tarde, con la Telefónica reflejada, muchos coches y, sin embargo, en la adyacente calle de los Libreros casi nadie y eso que en esas pocas librerías que quedan hacen más descuento que en ningún otro sitio (15%) y encima no hay que esperar para pagar. Y los próximos días más y más gente cargadas de bolsas. ¡Ya vienen los reyes...!
HOLA 2008. Quiero dar las gracias a los que visitan mi página desde cualquier parte del mundo (¡Viva Internet!) y especialmente a los más de 800 que lo han hecho en las últimas 24 horas, después de que el diario El País me pusiera ayer en su selección de 8 blogs de la Madridfera, junto a "Madrid me mata", "Es por Madrid", "Historia de Madrid", "De Madrid al cielo", "La Cuchara", "Es Madrid, no Madriz" y "Memorias subterráneas". Hay, dicen, más de 3.450 páginas, asi que es un honor que me hayais puesto ahí. Espero no defraudaros este año y mostraros mis mejores fotos (aunque muchas tenga, por profesionalidad y orgullo de oficio, que ponerlas en el periódico para el que trabajo y me paga. Como conté a la entrevistadora, hace un par de años y harto de tomar montones de imágenes cada día que no cabían literalmente en mi diario, unas por no ser noticia adecuada, otras porque a los jefes no les parecían apropiadas dada la línea editorial o el momento oportuno y las más porque sencillamente se me ocurrían sobre la marcha, en los momentos de espera o camino de una noticia, un pasillo o un motivo decorativo, una persona que se movía de manera incitante, ventanas, sombras, reflejos, detalles nimios, estados de ánimo expresables con imágenes o momentos de encuentro entre personajes célebres en sus instantes curiosos, besos, malos gestos, risas y lágrimas. Todo eso que me hace buscar en mi interior los paisajes de mi infancia, ese Madrid gris de adoquines y tranvías por el que mi abuelo Luis me llevaba de la mano y que mi abuela Loreto me contaba cómo había sido antes, cuando ella vivía en palacio o cuando trabajaba en la fábrica de jabones de donde la echaron al acabar la guerra por estar como mi abuelo sindicada en UGT; el Madrid del Parque del Oeste al que fuí con mamá desde que nací y la fábrica Gal de Fernández de los Ríos a la que me asomaba para ver la maquinaria como en las películas de Charlot; el de los bulevares y las rondas; allí donde los Reyes Magos cutres pero encantadores estaban sentados en los comercios para escuchar a los niños y recibir sus cartas llenas de ilusión; el que aún vivía bajo una cruel dictadura que reprimía las palabras y los gestos hasta el punto de que mi padre perdió un trabajo de chófer con un piadoso señor porque un cura lo denunció al no arrodillarse ante un cristo y fue apalizado en comisaría y su patrón no quiso tener un empleado "no adicto al régimen" que es lo que ponía en su ficha. Pero un Madrid en que yo soñaba, tumbado en el pasillo de mi casa, buscando formas en las humedades del techo y las grietas entre las baldosas de colores con las que formaba figuras y rostros en mi imaginación y que me servían para sentirme a veces en la nave espacial de Diego Valor, participando en las travesuras de Periquín, luchando contra la injusticia junto al Capitán Trueno y Jabato, jugando con recortables, chapas y pinzas, asombrándome del fuego que salía por los agujeros del fogón de carbón y leña y por poder comer caliente cada día gracias al esfuerzo de papá y mamá, uno conduciendo nuestra vida a lomos de un camión cargado de mineral en Rio Tinto, un taxi o un "haiga" que algún marqués le pagaba por traérselo de la frontera francesa, y la otra cosiendo para las vecinas y amigas y luchando en la compra por conseguir darnos todos los días lo mejor con sueldos de risa. Recuerdo que en mi calle había una vaquería, un par de ultramarinos, una carbonería, fruterías y otras tiendecitas ya imposibles fuera de los centros comerciales modernos; pero sobre todo recuerdo al Sr. Gordillo (alquiler y cambio de tebeos y novelas) un pequeño cuchitril donde un señor con bata azul me sacaba montones de tebeos que yo leía en sus bancos por 30 o 50 céntimos de peseta, según fueran "flacos" (los alargados de Bruguera) como Trueno, Jabato, Furia, Centella, Guerrero del antifaz o Roberto Alcázar y Pedrín, o "gordos" los de Novaro y otras que tenían a Superman y sus amigos Batman, Arquero verde, Aquaman y otros, los del Oeste de Hoppalong Cassidy, Roy Rogers, El Llanero solitario, La Pequeña Lulú, El Hombre enmascarado, Big ben Bolt y Mandrake, Hazañas Bélicas, etc etc. Allí compraba caramelos y pastillas de leche de burra o chocolatinas Vitacal, que tenían dentro un cochecito diminuto de plástico, chicles Gallina Blanca o Bazooka y los famosos recortables de soldados y guerreros, construcciones de tanques, edificios, aviones y barcos de papel con las perras que me daban mis abuelos. Aquel Madrid de escasez y frío en el que iba a aprender con mi mochilita a la espalda, contando a ver si era capaz de alcanzar el número mil y en el que mi abuela nos llevaba, camino del colegio, a un horno donde comprábamos una mejicana o un mojicón (bollos que ya no veo ni huelo que es lo peor, porque los aromas calan mucho más hondo que otros recuerdos, como contó Proust), antes de tener que formar en fila para cantar el maldito "cara al sol" y los otros himnos fascistas en el grupo escolar, donde en mayo se inundaba del olor de los claveles y las florecillas blancas un salón grande en el que ponían la escultura de la Virgen para que entonáramos aquello de "Venid y vamos todos, con flores a María,..." Ese Madrid de domingos en el Rastro y de ver pasear en el Retiro a los "chorchis" junto a las "chachas", invitándolas a montar en barca para impresionarlas y comiendo pipas para entretener el hambre. Aquel en que un enorme taxi Morris me atropelló al cruzar Guzmán el Bueno por escapar de la mano de mi madre que tenía que controlar ya a tres y yo no había cumplido cuatro, dejándome una cicatriz en el centro de la frente que yo siempre digo "es un pacto con el diablo para mantenerme joven" y que al pobre taxista le tuvo un mes de baja por el susto. Un Madrid donde se había construído un rascacielos de 30 pisos, pero estaba rodeado de chabolas que se levantaban por la noche para que, si estaban techadas al amanecer, no se las pudieran derribar a los inmigrantes de provincias que huían del campo y a los que llamábamos "paletos" para hacer chistes y películas en blanco y negro, con NODO franquista y sesión doble: ayer me recordaba mi madre que fuí al cine por primera vez con 15 días de existencia, al Pelayo, donde años más tarde llevaría a mi novia para besarla a oscuras en la fila de los mancos. Ese Madrid nostálgico se sobrepone a las imágenes que han ido transmutando la realidad y, donde ahora hay edificios, barrios enteros, torres y monstruosas construcciones comerciales o de oficinas, yo puedo contemplar en mi memoria descampados con rebaños pastando y cereal creciendo, campos con restos de batalla de la guerra, riachuelos y colinas ya inexistentes para siempre, salvo ahí en mi mente, puedo escuchar la campanilla de los tranvías que creía que se movían con la manivela que llevaba el conductor y en los que siempre se colgaban los chicos mayores de los topes y tenían carteles que decían "no escupir en la plataforma" o "asiento reservado para caballeros mutilados" o subir al piso superior de los autobuses altos.